¡Prohibido rendirse! Cómo acompañar en la pérdida.

La coordinación del Programa Educación Responsable en la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, se realiza desde el Equipo de Orientación Educativa Específico de Convivencia Escolar, dependiente de la Consejería de Educación y Cultura, del que nosotras formamos parte. Esta situación tan especial nos permite tener una mirada privilegiada des lo emocional en muchos casos sobre los que intervenimos desde el equipo.

Desde hace unos años estamos detectando como algunos de los problemas escolares y conductuales en los alumnos, llevan detrás unas situaciones de pérdidas tanto en los alumnos como en los profesores. La pérdida es un proceso universal a los que todos los seres humanos nos enfrentamos, siendo inherentes a la propia vida.

Cuando una persona padece una pérdida por cualquier causa, se desencadena un proceso de elaboración de la misma que se denomina proceso de duelo.

La pérdida se entiende como quedar privado de lago que se ha tenido, fracasar en el mantenimiento de una cosa que queremos, reducir alguna sustancia o proceso o destruir o arruinar (Neimeyer, 2002). De forma más clara, Tizón (2004) nos describe los cuatro tipos de pérdidas. Las primeras, las pérdidas relacionales, son aquellas que van relacionadas con “el otro”, con las personas que nos rodean y son pilares de nuestras vidas, los abandonos, la privación de afecto y los abusos. Las segundas son las pérdidas intrapersonales, que tienen que ver con nosotros mismos y nuestro propio cuerpo. Las terceras son las pérdidas materiales; y por último, las cuartas son las pérdidas evolutivas.

En nuestro trabajo diario nos encontramos muchas pérdidas de tipo relacional, ya sea por fallecimiento de personas cercanas a los alumnos y al profesorado, o por divorcios, separaciones o abusos y malos tratos. Nuestra intervención siempre ha estado enfocada técnicamente desde ese prisma de lo emocional. Uno de los errores desde el ámbito educativo es que querer dar respuesta académica a problemas emocionales, por lo que sabemos que nuestra respuesta está más en ese ámbito socioemocional. Es en la resolución de estas situaciones donde la identificación, la expresión y la gestión emocional se convierte en una herramienta imprescindible para que el alumno pueda expresar esa pérdida y pueda finalmente integrarla en su vida , sin convertirse así en una situación tóxica o traumática.

Al principio de este curso ocurrió un hecho devastador en la Región de Murcia: la DANA o gota fría, un fenómeno meteorológico que produjo inundaciones en el municipio de los Alcázares con unas repercusiones materiales, emocionales y psicológicas muy importantes. Ante esta difícil situación, la Consejería de Educación y Cultura de la Región de Murcia solicitó a nuestro equipo ir a los centros y poner en marcha un Plan de Intervención en Crisis para que estos alumnos y sus profesores pudiera expresar e integrar desde la escuela lo que habían vivido.

Los objetivos fueron:

1- Facilitar la expresión de sentimientos y pensamientos, así como una toma de conciencia sobre la experiencia vivida.

2- Aproximar a los niños a una visión clara y objetiva de lo que supone una inundación proporcionando explicaciones con información adecuada a la edad de los niños para que entiendan sus reacciones como respuestas naturales frente a lo vivido.

3- Ayudar a los alumnos a reconocer como es su vida actualmente después de las inundaciones fomentando la resiliencia, así como valores relacionados con la superación, la solidaridad…

4- Ayudar en la medida de las posibilidades a elaborar las pérdidas.

Dicha intervención se realizó en tres centros de educación infantil y primaria, otro de secundaria y un concertado. Este último es el CC la Flota del Mar Menor, que forma parte de la red de centros de Educación Responsable. Dicho centro jugó un papel fundamental como centro “acogedor”, ya que por sus instalaciones y por estar fuera de la “Zona Cero” no se vio afectado, pero sí pudo prestar sus instalaciones para dar alojamiento y comida durante esos días.

Esta intervención en Crisis es la de más envergadura que ha realizado el equipo desde que nosotras formamos parte del él, hace ya cinco años. Afrontamos el reto los cinco profesionales del equipo con mucha ilusión y respeto y al mismo tiempo con miedo de ser capaces de acompañar ante tanto sufrimiento. Conectar con la pérdida del otro siempre conecta con nuestras propias pérdidas y esto ha sido un trabajo que también hemos tenido que trabajarnos.

Pasamos horas preparándonos contra reloj porque había que intervenir de inmediato ya que si no, la intervención perdía parte de su efecto. Los cinco miembros del equipo, Inma, Javier, Enrique y nosotras dos, leímos muchos sobre intervención en catástrofes, intervención en crisis, cómo trabajar las pérdidas, cómo prevenir el síndrome de estrés postraumático y también de nuestros propios miedos y emociones. Esto nos permitió establecer una red de apoyo más sólida (ya que desde nuestro trabajo la conexión entre nosotros y el soporte está muy desarrollado por el tiempo de trabajo que realizamos) y planificar que en las actividades al menos dos de nosotros estaríamos en cada clase más los profesionales de apoyo de cada centro para poder dar soporte en caso en caso necesario.

De los objetivos planteados de forma general, nosotros como equipo y con las actividades que llevábamos propuestas intentamos incidir en:

1- Identificación y expresión emocional (expresar, compartir sus emociones a través de diferentes medios: verbalmente, dibujo, expresión corporal).

2- Reconstrucción positiva de la experiencia, fomentando la resiliencia. (Reconocer como es su vida actual, fomentar pautas de autoprotección para afrontar eventos futuros)

Decidimos entrar de dos en dos, con el fin de que uno desarrollase la actividad y el otro actuase como soporte emocional para aquellos alumnos más afectados.

Se plantearon actividades para el segundo ciclo de educación infantil y el primer tramo de primaria (de 1º a 3º) y otras para segundo tramo de primaria y secundaria.

Destacar que se nota claramente las aulas donde se trabajan aspectos emocionales frente a las que no, ya que en las primeras, la expresión emocional era más fluida, mayor vocabulario emocional, gestión de lo vivido, mayor capacidad de escucha frente a los relatos de los compañeros, empatía y respeto.

Finalmente, la valoración por parte de los profesionales y el alumnado de los centros ha sido muy positiva. Para el Equipo de Convivencia ha sido una experiencia emocional muy intensa, dura y al tiempo gratificante por el alto grado de utilidad que hemos sentido. Todo ello gracias a la apertura de corazón de profesores y alumnos que se abrieron de forma tan generosa a nuestro ofrecimiento de ayuda.

La educación emocional es la vía, es la herramienta fundamental que tenemos que darle a nuestros alumnos para la vida, les será de gran ayuda en su día a día, y muy especialmente en estas situaciones de crisis.

Soledad Martínez Marín y Josefa Mª Rocha Medina
EOEP específico de Convivencia Escolar de la Comunidad Autónoma de Murcia