Creatividad y esperanza frente a la pandemia.

El bichito de Mery

Queridos amigos de la Fundación Botín:

Soy Mery, maestra de Infantil y escribo estas líneas para compartir con vosotros la experiencia vivida al ser unas de las muchas personas a las que este caprichoso virus ha venido a visitar.

¿Por qué lo llamo caprichoso? Porque fue la primera palabra que se vino a mi mente aquella mañana del domingo 13 de septiembre cuando amanecí con fiebre y apenas hacía 4 días que habían comenzado las clases. 

No entendía nada, tantos meses encerrada, después de pasar el verano prácticamente sin hacer nada con amigos ni familia, después de haber suspendido la Comunión de mi hija por dos veces, después de, después de, después de...  ¿Por qué se había encaprichado en mí? ¿Qué había hecho mal?

Tras la PCR positiva, vinieron a mi mente otras muchas palabras más duras y temerosas que la primera, pensamientos como “¡Que tengo el COVID! ¿Y si me muero?”. Pensamientos que sólo compartía conmigo misma, tenía tanto miedo que mi familia no lo podía percibir, mis tres hijos me miraban con una carita que nunca sabré qué pasaba por sus inocentes cabecitas.

La cosa se fue complicando y aunque no sabía bien si era normal o no lo que mi cuerpo padecía, algo me decía que la cosa no iba bien. 

Efectivamente, la visita del virus caprichoso me trajo complicaciones como una neumonía, problemas vasculares en las piernas y una afectación neurológica en piernas y brazos. 

Nunca había sentido nada parecido, ha sido una dura lucha contra “no sé qué” y siempre que me preguntan respondo: solo puedo decir que he sentido como si mi cuerpo me declarara la guerra. 

Pero he sacado fuerzas para luchar día y noche y no dejar que por mucho que me intentase tumbar por un lado u otro, lo consiguiera.

Soy una persona muy positiva y fuerte, ¿me ha ayudado eso? Por supuesto que me ha ayudado, y me han ayudado esos mensajes y llamadas de mis amigos, compañeros del colegio, vecinos con los que nunca había hablado, las familias de mis alumnos que me han mandado continuamente audios de mis niños de 4 años que me han dado la vida, y me han ayudado mis maravillosos hijos y mi marido que sin decir ni una sola palabra lo decían todo para mí. 

Pero la mayor ayuda la he encontrado en personas que ni siquiera conozco, personas que estaban aún peor que yo, personas que se habían quedado a medio camino, personas que hoy no pueden escribir estas líneas como lo estoy haciendo yo, personas que se han sentido solas ante este dolor, así que no tenía derecho ni a quejarme, no podía utilizar ni un poquito de mis fuerzas a no ser que fuera para luchar y salir adelante.

Me siento muy afortunada a pesar de llevar 4 meses intentando salir de una vez de las llamadas “secuelas COVID”, y solo puedo dar las gracias, gracias a Dios, gracias a las personas que nos rodean, gracias a los profesionales que luchan por ayudar aunque se sientan perdidos, y GRACIAS A LA VIDA.

Mery Sánchez Cáceres
Tutora Educación Infantil

Colegio Santa María La Blanca de Madrid

 

¡Muchas gracias a Mery por su testimonio y por compartir con nosotros su cuento!