Educar desde la presencia y la atención plena 

 

Desterrando un mito

No existen los niños/as distraídos/as. Es falso. Es un mito. Así de claro. Por tanto te pido que no le vuelvas a poner esa etiqueta a ningún ser humano, tenga 5 o 50 años.

¿He conseguido captar tu atención?

Espero que sí.

Lo que quiero decir y afirmo es que cualquier persona mientras está despierta está atendiendo a algo. La pregunta del millón es dónde tiene la atención. He ahí el quid de la cuestión.

Por tanto, aunque creas que está distraído en realidad está dirigiendo su atención a un amiguito que acaba de cruzar delante de él, o quizá está con su atención imaginando lo que hará cuando salga de clase, o tal vez está atendiendo en su universo interior a cómo lanzará un penalti en una final de champions. Pero siempre estará atendiendo a algo.

Es importante integrar esta noción: existir equivale a atender (al menos mientras estás despierto).

El gran reto de nuestros tiempos es ser capaz de dirigir la atención a voluntad a lo que realmente importa en cada momento.

 

La atención, una especie en vías de extinción.

Tanto adultos como jóvenes podemos constatar lo difícil que es hoy día mantener la atención estable en una sola cosa durante un período continuado. Estamos expuestos a un continuo bombardeo de información, nos interrumpen o nos interrumpimos la concentración en lo que estamos haciendo cada poco tiempo. Tanto cambio atencional nos provoca un estado de sobreexcitación y de ansiedad que nos dificulta a su vez que mantengamos la concentración.

Los docentes de medio mundo saben lo difícil que es conseguir que los alumnos mantengan la atención en clase.

Súmale que grandes empresas tecnológicas compiten todos los días por obtener tu atención para luego vendérsela a un tercero.

Añádele a la ecuación las siglas FOMO: Fear of missing out, que podemos traducir por miedo a perderse algo, lo que nos lleva a rastrear continuamente lo que está pasando no sea que yo me quede sin enterarme de algo, sea o no relevante. Nuestro cerebro cada vez que experimenta una novedad genera un neurotransmisor muy potente, la dopamina, que cumple su función para animarnos a salir de nuestra zona de confort pero cuando estamos continuamente recibiendo dosis de dopamina al final nos convertimos en adictos y sólo queremos más y más. Por eso no tardamos nada en tener la sensación de que nos estamos aburriendo y salimos a la caza de más dopamina.

El parorama que acabo de describir no es nada alentador, pero no por ello deja de ser real.

Nos toca aprender en la escuela y en la familia a gestionar toda esta avalancha de información, sobreestimulación y multitarea.

Nos toca por tanto desarrollar la competencia clave en el siglo XXI: ser dueño de tu atención.

Es absolutamente determinante de tu rendimiento y de tu capacidad de disfrutar de la vida.

Y en el mundo educativo, indispensable. Sin atención, no hay aprendizaje consciente.

 

La atención es como las bombillas, pueden ser eficientes o no.

La gran mayoría de nosotros hemos oído hablar de Atención Plena o Mindfulness que hace relación a la capacidad de prestar atención intencionadamente al momento presente con curiosidad, aceptación y apertura. Ya es un gran paso desarrollar esta capacidad que se nos antoja imprescindible en la actualidad.

Pero quiero añadir un matiz más, no sólo es importante que nuestra atención sea plena a lo que sucede en el momento presente, sino que también ha de ser EFICIENTE. Me refiero a que además de ser plena debemos ser capaces de atender a la información relevante en cada momento dado impidiendo que lo no relevante acceda a la conciencia.

Porque muchas veces estamos bien atentos pero no a lo que toca atender en ese instante. Como estar leyendo las noticias mientras estás en una videoconferencia o un alumno chatea a hurtadillas en lugar de atender lo que se está explicando en clase.

Nuestra capacidad de atención consciente es limitada. Se trata de un embudo que filtra y selecciona información. Si no fuera así, acabaríamos locos. Pero a cada instante tenemos casi infinita información a la que podríamos atender, por eso es necesario ser capaz de atender sólo a lo que es estrictamente necesario e importante a cada momento. Necesitamos por tanto discernimiento para diferenciar lo relevante de lo que no lo es. La única manera de tener la lucidez y claridad es estar atentos al presente para poder seleccionar lo que merece la pena ser atendido y después llevar allí el foco de mi atención.

No es tarea fácil, pero se entrena y se mejora como cualquier habilidad.

 

¿Se requiere motivación para atender?

Voy a ser tajante: NO.

Ahora me suavizo y lo matizo: no hace falta ninguna motivación especial.

Me explico: habitualmente cuando escucho a las personas hablar de motivación me doy cuenta de que se están refiriendo inconscientemente a la motivación extrínseca: es decir, eso de ahí afuera no me motiva a mí a hacer algo. Pero rara vez oigo hablar de motivación intrínseca: busco en mi interior la fuerza y el ánimo necesario para emprender una acción al margen de que la acción en sí misma me motive.

¿Por qué te cuento esto? Porque habitualmente se le echa al docente encima la archiconocida frase de “mi hijo/a no atiende clase porque tú no le motivas”. Como si todo el peso y responsabilidad recayera en el docente. Ojo, no estoy afirmando que el profesor no deba motivar a los alumnos. Sólo afirmo que no puede caer el 100% de la responsabilidad en él/ella.

Todo esto habría que matizarlo en función de la edad del escolar porque obviamente no es igual el funcionamiento del cerebro de una persona de 4 años que uno de 15. Pero quiero mandar un mensaje de auto-responsabilización y empoderamiento hacia todos los seres humanos en edad escolar: más tarde o más temprano tienes que ser capaz de dirigir a voluntad tu atención a lo que sea necesario independientemente de lo que te motive el profesor o la asignatura. Y los adultos de referencia tenemos que ayudarles a que lo consigan.

Como eduquemos a nuestros hijos en la creencia de que sólo pueden atender cuando tengan motivación para hacerlo les estaremos haciendo un flaco favor.

Por eso, yo prefiero no usar la palabra motivación cuando estoy hablando de atención. Prefiero sólo hablar de VOLUNTAR DE ATENDER, DECISIÓN DE ATENDER O DETERMINACIÓN DE ATENDER. Si además estás motivado, me alegro por ti. Si no tienes motivación, te la buscas. Pero atender, tienes que atender.

Por eso es tan importante enseñarles a dirigir su atención a voluntad.

 

Tienes un jostick instalado en tu cerebro.

De igual modo que para jugar a un videojuego usamos un mando para dirigir los diferentes personajes u objetos en que consista el juego, en nuestra corteza prefrontal contamos un Joystick estupendo que necesitamos aprender a usar.

Este es el primer componente del entrenamiento mindfulness: el de la regulación atencional.

Saber dirigir la atención a voluntad otorga una sensación psicológica de seguridad que necesitamos para surfear todas las demandas de la vida actual, pandemia incluida.

Por eso es tan importante empezar a entrenarlo a partir de los 4-5 años. Como aprender a tocar un instrumento musical, cuanto antes empecemos, mejor.

Dicho Jostick tiene dos botones fundamentales: el de la Práctica Externa: saber dirigir la atención al mundo exterior cuando los sentidos físicos intermedian en la percepción y la Práctica Interna: cómo dirigir la atención al universo interior cuando los sentidos físicos se desconectan. Ahí aparece el vacío y el silencio mental.

Necesitamos aprender cómo funcionan estos dos protocolos atencionales para empezar el entrenamiento de nuestra capacidad de estar realmente presentes y atentos en la vida. Para profundizar en estos dos protocolos consultar la bibliografía recomendada. Aunque no basta leer, se requiere practicar.

 

Te regalo unas nuevas gafas.

Ya hemos citado la regulación atencional como primer componente del entrenamiento de mindfulness. El segundo componente es una actitud determinada. Es el equivalente a ponerse unas gafas nuevas: unas que nos permitan vernos a nosotros/as y a lo que nos rodea con:

  • Apertura: habitualmente vamos por la vida con “orejeras de burro”, limitando nuestra percepción de una manera importante. Tiñiendo nuestra visión de prejuicios, expectativas, etiquetas y sesgos de diferente índole. La propuesta es mirar el mundo dejándonos sorprender, no dando las cosas por hechas, permitiendo asombrarse por lo milagrosamente cotidiano. Es una heroicidad activar la mirada de principiante: “como si fuera la primera vez”. Es percibir el mundo sin la mochila de nuestro pasado. 
  • Curiosidad: necesitamos volver a recuperar las ganas de explorar, indagar, trastear, tal y como los niños afrontan el mundo, con atrevimiento para hacer preguntas sin temer las respuestas.
  • Aceptación: implica alinearse con la realidad, soltando por fin la pelea, lucha o negociación con ella. Pero en modo alguno significa resignarse y tirar la toalla. Al contrario significa aceptar lo que hay tal y como es para después pasar a la acción si la realidad necesita de tu acción.

Si cultivamos esta nueva actitud hacia ti mismo/a, los demás y hacia la vida, sin duda tú vas a experimentar un proceso de transformación que afectará a todos lo ámbitos de tu vida.

 

¿Y qué tiene que ver todo esto con la educación?

Pues tiene que ver todo. Cuando un educador/a, sea en el ámbito de la escuela o de la familia, transmite desde un estado real de presencia y atención plena todo cambia.

Es que en realidad sólo hay dos opciones, o estás presente o estás ausente. No hay término medio.

La presencia es la única red que permite conectar de verdad entre dos personas.

La presencia es el indicador de que realmente se está en cuerpo y alma. Sólo puede haber entrega real cuando hay una presencia consciente.

Quizá el mayor regalo que le podemos hacer a otra persona es nuestra presencia abierta en corazón y mente. Por eso es tan importante entrenarnos para saber estar presente y atentos en la escuela, en casa y por la avenida de la vida caminando.

Por eso no podemos claudicar y permitir que nuestra atención sea secuestrada a cada instante por estímulos externos, pensamientos parásitos y emociones tóxicas.

Por eso necesitamos recuperar la atención a los detalles, a cada instante compartido, al lenguaje no verbal en la comunicación, a los silencios, al ritmo de cada alumno en su aprendizaje.

No podemos concebir los procesos de enseñanza y aprendizaje si no están sustentados por el estado de presencia y atención plena de quienes forman parte de dicho proceso.

Por todo ello, necesitamos poner mucha atención a la atención misma en estos tiempos de distracciones, cambio e incertidumbre.

 

Recomendaciones

  • Reduce las interrupciones: en lo posible pon límite a las interrupciones, a las que sufres y a las que provocas a los demás.
  • Practica la monotarea: especialmente cuando estés delante de otro ser humano, enfoca tu atención en exclusiva en él/ella y deja de hacer otra cosa. Recuerda que la multitarea es un mito.
  • Practica el M.P.M: Significa Momento Para Mí. Es básico saber cuidarse a uno/a mismo/a antes de poder a cuidar a otro. No podemos ser buenos educadores si dejamos de cuidarnos y acabamos quemados. La práctica de tu hobbi puede ser un MPM estupendo. Practicar el no hacer nada sin culpa también es revolucionario.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • ¿Qué hace el mando de la tele en el frigo? Atención Eficiente en la era de las distracciones. Editorial KHAF. Fernando Tobías.
  • Presencia, de Enrique Martínez Lozano.
  • Educar la atención, de Luis López González

 

Fernando Tobías

www.fernantotobiasmoreno.com

 

 

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