Disciplina positiva. Educar con afecto y firmeza. 

Marisa Moya

Difundir Disciplina Positiva es, entre otras cosas, liberarse de quedar atrapada en los patrones de antaño sobre educación. En cada taller, charla, se va aprendiendo a sintonizar con otras personas que también aprecian los cambios sutiles que logramos cuando decidimos actuar de una forma más consciente en la interacción humana.

He asistido a una convocatoria de Fundación Botín para compartir cómo es «vivir desde y con la Disciplina Positiva».

Podemos influir en construcción humana para que los niños no sean adultos alejados de sus sentimientos, ni adultos crónicamente descontentos. Las autoestimas saludables están en juego.

 

¿Para qué esta charla?

¿Es necesario reflexionar sobre cómo estamos educando? Es ineludible.

Hacer una valoración no es enjuiciar.

Los patrones reguladores de nuestro afecto transmiten adaptabilidad o desadaptabilidad. Hacer «inventario» nos permitiría decidir qué estrategias hemos de conservar en nuestra caja de herramientas y cuáles hay que descartar porque ya está de sobra demostrado que no funcionan.

Es cierto que esta valoración no es suficiente, seguiremos haciendo «lo que no funciona» hasta que aprendemos destrezas «que sí procuran armonía en las relaciones educativas».

 

¿A quién estamos acompañando?

¡Cuánto esfuerzo puede resultar fracasado en el camino largo de la educación!  Hay mucho automatismo, muchas creencias que nos alejan de la naturaleza infantil.

La Disciplina Positiva no sigue esta línea conservadora sin revisión, tampoco la nueva de aplicar «recursos» a la infancia sin antes reparar en quién estamos acompañando.

Parece imperativo entrar en el mundo de los niños para poder relacionarnos con ellos, sin embargo lo obvio puede quedar sepultado por «el consumismo insensible» de prácticas y recursos. Devoramos «tips» y se nos queda desierto el emprendimiento de la causa de este alejamiento que dificulta una interacción garante de requisitos mínimos a la hora de educar.

¡Hacemos para los niños, sin ver a los niños!

Saber quién es nuestro hijo es conocer sus necesidades; las habilidades socio emocionales son, en este sentido, asignatura pendiente y sin embargo son fundamentales para una educación integral.

Es necesario revisar nuestro concepto sobre infancia, el reto es una «infancia vista, aceptada, conocida y comprendida».

Acertar con lo adecuado merece no dejarlo al azar.

 

¿Qué necesita la infancia?

La infancia es proceso de arquitectura humana, una tarea de gran envergadura.

Niños y niñas son entusiasmo por el descubrimiento y en la sociedad del siglo XXI no hay cabida para la curiosidad infantil ni en hogares, ni en escuelas. Niños y niñas son un sumatorio sin fin de sentimientos de inseguridad  y por esta razón, mientras se sienten seguros con sus propios recursos precisan de comprensión, disponibilidad y la fortaleza y perseverancia del educador.

  • Precisan firmeza amable; seguridad física y emocional.
  • Necesitan relaciones afectivas estables.
  • Experiencias adecuadas por edad, maduración y características personales.
  • Límites, pautas, estructura.
Necesitan que digamos más lo que queremos en vez de lo que no queremos. Que pidamos con respeto. Que actuemos con coherencia, sermonear menos y aprovechar más el error como oportunidad. Precisan recursos, espacios y relaciones que consoliden sus sentimientos de pertenencia y valía personal.


El mapa

¡En definitiva referentes sólidos!

Desactivemos el piloto automático, merece la pena tener en cuenta la hoja de ruta que estamos siguiendo para que nuestros hijos cuenten con oportunidades de entrenamiento en habilidades para vivir.

La clave es atesorar esas oportunidades que nos ofrece el presente, aprender a ver el conflicto como inspiración, por un lado, de modelado de lo que les exigimos y por otro de práctica de la musculatura que nos hace humanos.

Cuando el adulto no puede interpretar el «comportamiento inadecuado» como la solicitud de ayuda que reclama el niño, se dificulta que nos mostremos como entrenadores solidarios con la necesidad infantil.

 

La educación basada en el mero control y corrección

El peso insoportable de la necesidad de control del adulto empaña las relaciones ¿Podemos renunciar a esta necesidad?

Somos seres gregarios y aprovechamos la conexión para pertenecer y sentir importancia y valía. No parece que sea equitativo aprovecharse de esta dependencia para humillar y culpar, cuando lo hacemos las autoestimas se resienten.

 

Conexión

¿De dónde hemos sacado la loca idea de que para que un niño se porte mejor antes hay que hacer que se sienta mal? (Jane Nelsen).

Ellos y ellas requieren cultivar su sentido de valía personal. Aceptar los sentimientos infantiles nos procura cercanía, receptividad, escucha y por lo tanto aprendizaje.

¿Podemos aprender a no tomarnos el mal comportamiento por lo personal? Urge una mirada empática.

 

Estrés y autorregulación

¿Cómo te enfadas? La forma en la que abordamos el problema, la manera en la que el educador aborda el error, prácticamente determina la decisión infantil. No sabemos enfadarnos y los niños acaban pensando que enfadarse es malo.

Manejar el enfado para que nos nos maneje a nosotros es clave. No hay nada tan urgente como para abordarlo haciendo daño a otros ¡Para, respira! ¡Así fluyen tus mejores decisiones!

La infancia está tejiendo sus redes neuronales, una base segura les permite el desarrollo de habilidades de autorregulación. El estrés infantil que no recibe «el abrazo al enfado» por parte del adulto no puede ser bien procesado y los cimientos de la autorregulación futura se debilitan.

 

Ni premios, ni castigos

#NoalCastigo

La naturaleza humana generalmente responde a la coacción externa con una contracoacción» (Alfred Adler)

Castigamos y premiamos porque queremos evitar la mala conducta y reforzar la «buena». Sin embargo, os invito a tener el coraje de reflexiones valientes:

Tenemos urgencia por los resultados y esperamos de ellos y ellas calma. Usamos el control y el castigo y esperamos conexión y cooperación».

¿Cómo podrán los niños satisfacer nuestras expectativas y exigencias?

 

A largo plazo…

El control funciona, de momento para la conducta ¿y qué están aprendiendo nuestros hijos?

El castigo y el premio son déficit de herramientas de modulación emocional y de recursos para estableces acuerdos y enfocarse en soluciones.

Promueven resentimiento, rebeldía, revancha y retraimiento.

Los niños dejan de experimentar las consecuencias de sus propias decisiones para que otros «arreglen» por ellos. El mensaje puede ser muy desalentador, «no eres capaz de resolver tus problemas con tus propias habilidades, no eres capaz de abordar el conflicto pensando sobre él» ¡Otro ya ha decidido por ti!

 

Simplemente detener el comportamiento…

No, no ayuda a desarrollar habilidades y sin embargo afecta a la formación de creencias, al autoconcepto, pierden oportunidades de crecimiento personal y el adulto una oportunidad irremplazable para influir de forma saludable en sus vidas.

 

Comunicación

Si tus actuaciones trasladan mensaje de amor incondicional, si expresan confianza cuando más la necesitan, estás, estamos en el camino.

Convivencias más sanas ¡No escatimemos el afecto!

La intervención viene de un cambio de actitud hacia la interacción humana y aplicar otras estrategias ¡Apremia aprender a cuidar bien!

 

¿Empoderas o incapacitas?

Preguntas valientes. Cuando interactuamos con infancia des el miedo el aprendizaje importante se ve comprometido, cuando lo hacemos desde el afecto y la confianza promovemos sentimientos de valía personal.

¡Ya no hay excusas, se puede aprender a educar!

Para ello es necesario también revisar cuál está siendo nuestra inversión, en hogares y escuelas, en los procesos de crecimiento y desarrollo de habilidades socio emocionales.

¿Dedicas muchas energía a para el comportamiento? ¿Cuánta a informar y acompañar a los niños en la cocreación de los recursos que facilitan la convivencia en los hogares?

  • Acuerdos: ¡El guión de nuestra acción! ¿Cuáles son los acuerdos en esta comunidad? ¿Mis hjjos ayudaron a crearlos? ¿Hay consenso? ¿Cómo perciben mis hijos el clima del hogar?
  • Tiempo fuera positivo: ¿Cómo me controlo cuando me siento estresado? ¿Qué hago cuando “he perdido la cabeza”? ¿De qué recursos emocionales se dispone en la casa para recuperar la calma?
  • Concepto y abordaje del error: Los errores escondidos no pueden ser reparados y las personas no pueden aprender de ellos.
  • Corresponsabilidad: ¿Mis hijos tienen tareas de importancia en el hogar?
  • Espacios sin juicios ¡Aliento!: El mensaje del aliento a los niños es que lo que hacen no es lo mismo que lo que son y les permite saber que son valorados por ser únicos, sin juicios.
  • Reuniones familiares: Tengo voz, puedo influir ¡nos damos soluciones para aprender y convivir juntos!

En cualquier caso es muy importante que niños y niñas sepan que valen por lo que son.

Una buena relación requiere TIEMPO y HABILIDADES ¡La aceptación del regalo de la educación nos responsabiliza de nuestras actuaciones!

Gracias por leer.

Marisa Moya
www.escuelainfantilgranvia.com

 

 

 

Si quieres ver la entrevista que realizamos a la ponente y conocer más detalles sobre el ciclo de conferencias La Educación que queremos haz clic aquí.