TEATRO EN LAS AULAS: UNA NECESIDAD Y UN SUEÑO

            Hablar de teatro hace que remonte al año 97. Yo era un joven que estudiaba Económicas en la Facultad de Murcia y me sentía un tanto perdido, poco motivado e insensible a lo que acontecía a mí alrededor. Hasta que un día de manera circunstancial unos amigos me pidieron que actuase en una obra de teatro y así fue como descubrí mi “elemento”, como dice Ken Robinson. A partir de ahí decidí combinar mis estudios de Económicas con los de Arte Dramático y eso cambió mi vida para siempre. Durante mi formación empecé, a través de los personajes y de las dinámicas que hacíamos, a descubrirme a mí mismo y eso me dio muchas herramientas que me han ayudado a vivir de una manera más equilibrada y consciente. Así que tras años de estudio y de trabajo profesional en Italia, donde hice cine, teatro y televisión, decidí montar una Escuela de Teatro en Cehegín (Murcia) con el apoyo del Ayuntamiento e intentar aportar a niños, adolescentes y mayores eso que el teatro a mí me había dado. Tras más de diez de experiencia, desde hace unos años he empezado a  formar al profesorado para llevar las herramientas del teatro al aula.

            Con el paso del tiempo la herramienta del teatro la he ido completando con otras que han ido forjando mi formación técnicas de improvisación, inteligencia emocional y terapia Gestalt y que aplico de manera directa o indirecta en el aula.

La finalidad es trabajar dos inteligencias, desde el punto de vista de las Inteligencias Múltiples de H. Gardner: la Inteligencia Intrapersonal y la Inteligencia Interpersonal. Se trata de ofrecer al alumnado herramientas para desarrollar sus capacidades sociales, mejorar su comunicación entre lo que sienten piensan y dicen,  potenciar la escucha y facilitar la exploración, reconocimiento y gestión emocional. Además se potencian simultáneamente las áreas esenciales para el desarrollo integral de las personas: área emocional/social, área cognitiva, área corporal.

Hacer teatro es: “jugar a ser otro”. El juego es el motor que sustenta cada una de las sesiones. Francisco Mora, neurocientífico, afirma: “El juego es un invento poderoso de la naturaleza…El instrumento del juego, combinación de curiosidad y placer, es el arma más poderosa del aprendizaje.” Y al adentrarnos en ser “otro”, el niño empieza a entender que hay otras maneras de sentir y de ver el mundo lo que hace que desarrolle la empatía y que obtenga recursos para mejorar sus relaciones sociales y sus capacidades para trabajar en equipo.

La metodología es totalmente práctica, hablar de teatro es hablar de acción, por lo que a través de la experiencia el aprendizaje permanece más en el tiempo. “Aprendemos mejor las cosas a través de la práctica y no a partir de la escucha abstracta” Adele Diamond, neurocientífica.

La base para poner en marcha un Taller de Teatro en la escuela (asignatura ésta tan necesaria para el desarrollo de las habilidades blandas) es el desarrollo de la confianza. Las primeras sesiones las empleo en hacer juegos divertidos dónde se vaya afianzando el grupo y dónde se empiece a crear el vínculo entre los miembros del mismo y el facilitador (dinámicas como “El lazarillo”, otras dónde haya contacto físico entre el alumnado, etc.). Es esencial que el clima sea relajado y sientan que el grupo sirve de red de protección para que cuando nos adentremos en un trabajo más emocional se sientan seguros y protegidos. Para mí es muy importante eliminar la terminología de lo que está bien y lo que está mal, ya que es fundamental que ayudemos a que reconozcan y validen todas las emociones e incidamos en el comportamiento, en qué hacen cuando sienten determinadas emociones y qué consecuencias tienen sus actos.

Una vez asentada una base sólida de confianza y de seguridad podemos dar un siguiente paso: introducir al alumno en dinámicas más expositivas. Al principio en grupos y sin que haya nadie mirando para que vayan ganando en confianza.  Posteriormente el propio alumnado hace unas veces de actores/actrices y otras de público para que empiecen a ser el centro y se sientan observados por los demás (contar historias, dinámicas para gestionar el “error”, adentrarnos en el mundo emocional a través de posiciones corporales, expresión corporal, trabajo en equipo, comunicación asertiva, etc.) De ese modo, a través de su experiencia personal pueden ir ampliando su autoconcepto, adquiriendo  herramientas para que se den el permiso de hacer cosas que en un primer momento se veían incapaces o limitados. Esto hará que se sientan más seguros y que vayan ampliando su capacidad de gestionar, de una manera más beneficiosa emocionalmente, las distintas situaciones que se les planteen en un futuro. Para ello, utilizo tres líneas claras: el darle la oportunidad al alumnado de equivocarse, no juzgar y validar emocionalmente.     

Transversalmente estaríamos trabajando las principales funciones ejecutivas del cerebro: autocontrol (el teatro dota de herramientas para potenciar la concentración, la escucha y la espera), memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva (es una de las herramientas fundamentales que brinda el teatro ya que facilita y potencia la plasticidad cerebral).

Tras años de experiencia he podido comprobar que el teatro es una herramienta que ayuda a traspasar barreras: miedo a hablar en público, mejora en la resolución de conflictos, miedo a expresar emociones, dota de seguridad personal, ayuda a ser más flexible contigo mismo y con los demás…etc.

¿Sería útil que en la escuela aprendiésemos: comunicación, gestión emocional, tolerancia al error, empatía…? ¿Sería aconsejable que el teatro fuera una de las asignaturas obligatorias en la enseñanza pública?

      Fernando Ripoll

Formador  y diseñador de espacios escénicos.