El secreto de la inclusión

Los entornos educativos tienen el reto de abarcar a una gran diversidad de personas. En particular hay tres fuentes de exclusión que nos interpelan: la exclusión social y económica, la diversidad cultural y la diversidad de capacidades. Hay numerosas formas de generar inclusión. Nosotros hemos encontrado mucha vida en la música. Haciendo música juntos nos unimos en un propósito común donde todos sumamos y el resultado final es superior a la suma de las partes.

La exclusión social está alcanzando muchos centros educativos cuyos alumnos tienen un difícil desempeño. Algunos barrios se han convertido en espacios de convivencia donde la diversidad cultural es la regla. Del mismo modo, en nuestras aulas existen niños y niñas con dificultades de aprendizaje. Los maestros se enfrentan a estas complejas situaciones con el reto de impartir un programa académico. 

Para tener éxito es necesario convertir los espacios de enseñanza en:

  • Espacios de acogida donde se puedan implicar por igual todas las personas.
  • Grupos de pertenencia eficaces para vertebrar la participación social de las personas.
  • Semillas y aceleradores de una cultura de paz y convivencia.
  • Focos de educación en valores e inteligencia emocional para fomentar las habilidades que influyen en el éxito futuro, como la perseverancia, la resiliencia, el trabajo en equipo y la creatividad.
  • Fuentes de orgullo y dignidad para las familias que fortalezcan su esperanza en un futuro mejor y les motiven para superar sus dificultades.
  • Lugares de capacitación profesional que mejoren las oportunidades de ascenso social.

En Acción Social por la Música hemos creado orquestas y coros con niños y jóvenes de barrios expuestos a situaciones de gran vulnerabilidad y diversidad cultural. También hemos creado un programa de educación especial, que da cabida a niños y niñas con necesidades educativas especiales en agrupaciones musicales. La metodología y el enfoque de fondo es el mismo en todos ellos. Estas orquestas y coros ofrecen conciertos desde el primer día, convirtiéndose en polo de atracción para la comunidad, en grupo de pertenencia y en lugar de dignidad y satisfacción para todos. Transmiten un mensaje de unión, armonía, convivencia y paz en cada uno de sus conciertos.

Las orquestas y coros se integran en un todo interrelacionado y ordenado, donde sus miembros pueden progresar, a medida que mejoren su nivel artístico, transitando desde las orquestas y coros de iniciación hasta orquestas y coros del máximo nivel artístico. 

De esta manera empleamos la cultura, en particular la música, como espacio de diálogo y lugar de convivencia. Ello permite alimentar el conocimiento y la práctica de la música clásica como patrimonio cultural universal y sustrato común de acogida, enriqueciéndolo con tradiciones diversas y con un mayor conocimiento de la cultura española y europea.

En los centros impartimos sesiones de práctica musical colectiva: músicos, pedagogos, musicoterapeutas y otros especialistas que orientan su acción hacia la integración, la educación en valores y la excelencia.

Las orquestas y coros acogen a todos independientemente de sus capacidades, también a personas con necesidades educativas especiales. Cada persona pertenecerá siempre una agrupación y se desarrollará al máximo nivel de que sea capaz, pudiendo acceder con su progreso a agrupaciones musicales de mayor excelencia. En cada concierto serán un testimonio contagioso de unidad, convivencia y belleza, que amplificará los efectos de integración, dignidad y participación social.

Crear orquestas y coros para la inclusión permite mejorar y cubrir la escasez de espacios y vías de integración que se señalaba anteriormente porque: 

  • La actividad musical es capaz de movilizar y unir a grupos numerosos y diversos y de hacerlos actuar ante una colectividad igualmente diversa, y genera por tanto espacios de acogida que implican tanto a la sociedad general como a las comunidades migrantes o vulnerables.
  • Enriquecen la identificación de la comunidad enfatizando las circunstancias comunes que viven y no las diferencias. Esta unidad se profundiza haciendo juntos algo que estaría fuera de su alcance: un esfuerzo colectivo donde el resultado final es superior a la suma de las partes.
  • Las orquestas y coros con su dinámica de ensayos y convivencia frecuente se convierten en importantes grupos de pertenencia.
  • La música es un vehículo portador de cultura universal capaz de unir en la diversidad y de dar cabida a distintas tradiciones culturales subrayando un sustrato común, que se convierte en lugar de paz y convivencia.
  • El aprendizaje y la práctica colectiva de la música con el enfoque de Acción Social por la Música, están orientados a estimular la creatividad, la inteligencia emocional, la disciplina, el esfuerzo y el trabajo en equipo, apuntalando los pilares de la persona que más influyen en la capacidad de superación y contribución a la sociedad.
  • Las familias y comunidades que ven a los menores progresar, dar conciertos y hacer algo hermoso de lo que están orgullosos crecen en esperanza, satisfacción y motivación para continuar enfrentando las dificultades.
  • Desarrollar la actividad musical al máximo nivel de que se sea capaz abre las puertas de la excelencia artística, amplía las oportunidades de ascenso social e implica a instituciones de élite de la sociedad española. Así se construyen trayectorias de éxito que inspiran a otros y se multiplican los efectos de una integración eficaz.

El objetivo de todo ello es lograr generar cambios permanentes en la situación de las personas. La capacidad de superar las dificultades depende de la curiosidad, la perseverancia, la motivación, la resiliencia, la capacidad de colaborar con otros, la creatividad y el poder del carácter. Cada vez más estudios abundan en la trascendencia de estas capacidades para enfrentarse con éxito a la adversidad, particularmente en la población vulnerable, que se ve afectada por elevados niveles de estrés y violencia desde la primera infancia, que afectan de manera duradera a su comportamiento e incluso su salud (Paul Tough How Children Succeed. James Heckman, Angela Duckworth, Michael Meaney). Estos traumas generan círculos de falta de empoderamiento, falta de seguridad física, estigmatización y humillación social, aislamiento y baja autoestima (Universidad de Oxford y CAF -Banco de Desarrollo de América Latina-; Mireya Vargas: Dimensiones faltantes en la medición de la pobreza.)

LA INTEGRACIÓN EN ORQUESTAS Y COROS Y EL APRENDIZAJE DE LA MÚSICA CONTRIBUYE A SANAR PRECISAMENTE ESTAS HERIDAS Y TIENE EFECTOS EN DISTINTOS PLANOS:

Psicológicos y afectivos: 

  1. Mejora de la inteligencia emocional: la música enseña a percibir, procesar y expresar todo tipo de emociones, desde el sosiego hasta la ira.
  2. Alivio de la tensión afectiva.
  3. Aumento de la autoestima.
  4. Satisfacción de las necesidades de pertenencia social.
  5. Aumento de la creatividad.

En el plano relacional:

  1. Mejora de las habilidades de comunicación personal.
  2. Descenso de la violencia.
  3. Mejora de las relaciones con compañeros, padres, familiares y maestros.
  4. Aprendizaje de habilidades de colaboración y trabajo en equipo.

Efectos a nivel social: 

  1. Integración de la diversidad social y cultural.
  2. Inclusión social.
  3. Empoderamiento de los participantes: mejora de las aspiraciones sociales apoyadas en el trabajo.
  4. Ampliación de los efectos a las familias y a la comunidad en su conjunto.
  5. Incremento de las oportunidades de ascenso social.

El programa pedagógico de la Fundación Acción Social por la Música, se basa en “El Sistema”, proyecto de transformación social a través de la música creado por el maestro José Antonio Abreu en Venezuela hace 44 años. El Sistema puso de manifiesto la capacidad transformadora de la práctica artística colectiva y el absoluto poder de la música para alcanzar esferas de gran profundidad y sensibilidad humana. Así, ha sido replicado en todos los países de América Latina y existen proyectos inspirados en él a través del mundo entero.  

En propias palabras de su fundador “La cultura para los pobres no puede ser una pobre cultura”.  Sobre esta premisa se impulsa un modelo de enseñanza y aprendizaje de la música que difiere del sistema tradicional aplicado en escuelas y conservatorios, pues está enfocado al desarrollo social y a la creación de mejores ciudadanos y no necesariamente a la formación de músicos concertistas.

Sin embargo, la excelencia musical como meta y el trabajo dedicado y consciente del repertorio clásico universal como patrimonio inalienable de todos los pueblos, hace que niños y jóvenes con limitados recursos puedan acceder a un arte que hasta hace muy poco estaba reservado para las élites sociales.

Es imposible pues, hablar de un único modelo pedagógico pues ha sido replicado de muchas maneras diversas atendiendo a las necesidades propias del lugar en el que se imparte. No obstante, existen algunos factores comunes como:

  • Práctica colectiva instrumental/vocal: Este modelo parte de la enseñanza colectiva, no individual de los diferentes instrumentos. Hace parte fundamental la práctica orquestal temprana y el abordaje de repertorio que genere un reto en los estudiantes. La técnica se genera a través de la interpretación del repertorio en la orquesta y ésta funciona a su vez como una réplica en célula de la sociedad.

 

  • Mayor cantidad de horas de práctica posible: Se busca generar la mayor cantidad de encuentros semanales para la práctica orquestal, con la finalidad de generar espacios de estudio constante y de ocupar el tiempo libre de los estudiantes. Generando hábitos de disciplina, compromiso y trabajo.

 

  • Democratización de la música: Acercando la música clásica y el repertorio  universal a los niños a través de una interacción temprana con arreglos de grandes obras maestras y con los años el abordaje del repertorio original. Llevando compositores como Mozart, Beethoven y Tchaikovski a los barrios, colegios y familias.

 

  • Solidaridad: Una de las principales herramientas de la práctica colectiva es el efecto demostración. Se aprende música tocando directamente y los estudiantes se ayudan unos a otros a la hora de enfrentarse a retos técnicos y de repertorio. Siempre los estudiantes más avanzados deben ayudar a los que están comenzando. Siempre los que tocan más arrastran a los que tocan menos. La solidaridad se entiende como la capacidad de ayudar al que se puede ayudar, de transmitir el mucho o poco conocimiento que se tiene y en última instancia verlo reflejado en un beneficio común para el colectivo.

 

  • Niños globales: Gracias al contexto social de los colegios desde los que trabaja Acción Social por la Música, en cada núcleo orquestal encontramos colectivos de niños y jóvenes provenientes de diferentes países, llevando a la orquesta la riqueza de la pluralidad cultural y la diversidad. La orquesta es un lugar seguro y de total respeto hacia las diferencias de cada niño y sus familias, conviviendo armónicamente los diferentes idiomas, religiones, acentos y orígenes culturales.

 

  • Visibilizar: Cuando los niños y jóvenes hacen parte de una orquesta e interpretan un instrumento comienzan a ser reconocidos inevitablemente dentro de su entorno social. A través de los conciertos y diferentes representaciones públicas, los niños visibilizan su trabajo, su disciplina y su capacidad de crear belleza. Esto implica a sus familias y amigos hasta llegar a la sociedad en general que los reconoce como seres productivos y capaces. Recibir aplausos y felicitaciones los llena de orgullo y los empodera con la sensación de éxito suficiente para enfrentar las dificultades cotidianas que pudieran presentarse.

 

  • Creer: Para que todo sea posible hay que creer en cada niño, en su talento y capacidad de soñar, hay que creer en todos los profesores, hay que creer en la música.

María Guerrero, Fundadora y Presidenta de FASM, y Nathaly Ossa, Coordinadora de orquestas FASM.

Acción social por la música

 

 

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