SEPTIEMBRE, UNA INVITACIÓN A VOLVER A LO ESENCIAL En medio del ruido y del vértigo en que vivimos
¿Tienes la sensación de que el bienestar conseguido durante las vacaciones desaparece demasiado rápido cuando se acerca el inicio de curso? ¿Cuánto tiempo consigues mantener la energía, el buen humor y la calma que, por lo general, recuperamos durante las vacaciones de verano?
Al regresar al trabajo vuelven los horarios, las responsabilidades, los correos, las reuniones, las prisas… y esa sensación tan conocida de “no llego”. Queremos empezar el curso de otra manera, organizarnos mejor, no estresarnos. Sin embargo, poco a poco, la cabeza se llena de asuntos pendientes y preocupaciones y nuestra mente vuelve a ponerse en modo alerta.
Pero quizá septiembre pueda ser algo más que una vuelta a la rutina. Puede ser una oportunidad para volver a lo esencial.
El estrés no suele aparecer de repente. Se va construyendo en silencio. El cuerpo avisa, aunque no siempre le escuchemos. Pequeñas tensiones, preocupaciones y exigencias cotidianas pueden ir llenando nuestro «vaso» hasta que llega la famosa gota que lo colma.
Y hay algo especialmente importante cuando hablamos de profesión docente: Las emociones no se quedan en nosotros, se contagian. Cuando un docente está desbordado, difícilmente puede transmitir calma, atención o entusiasmo. Cuidarnos no es, por tanto, un lujo ni un asunto exclusivamente personal: también forma parte de nuestra responsabilidad educativa.
No siempre podemos elegir las circunstancias que nos rodean, pero sí podemos recuperar cierto margen de elección sobre cómo respondemos a ellas y sobre cómo nos cuidamos.
Para este comienzo de curso, propongo tres principios sencillos.
1. Toma el control de tu vida y vive con atención plena
Cuidarse implica escucharse. Preguntarnos cómo estamos, qué necesitamos y qué nos está diciendo nuestro cuerpo para encontrar soluciones.
Vivir con atención plena es decir adiós al piloto automático. Supone estar totalmente consciente de lo que haces en el "aquí y ahora" aceptando la realidad tal como es... supone centrarte en la tarea que realizas en cada instante y dejar de luchar contra lo que no puedes cambiar. Supone, en definitiva, vivir en paz con el momento actual.
Practicar el diálogo interno. No se trata de negar los pensamientos negativos, sino de evitar que ocupen todo el espacio. Podemos cultivar deliberadamente pensamientos, experiencias y emociones positivas que se hagan un hueco y contrarresten lo negativo.
Y, ante los contratiempos, probar una nueva mirada. Si lo pensamos, casi todo tiene tres lados: el positivo, el negativo y el cómico. Trata de ver con una chispa de humor los problemas, a veces se necesita un poco de tiempo para ver con humor las cosas, el reto está en conseguir que ese tiempo sea cada vez menor.
2. Pon límites
Nuestra atención es un recurso limitado y, sin embargo, vivimos rodeados de estímulos que compiten por ella.
Poner límites significa decidir qué merece nuestra atención y qué puede esperar. Significa poder decir “no” sin sentir que estamos fallando a alguien. Significa separar, en la medida de lo posible, el tiempo de trabajo del tiempo personal.
También significa hablarnos con la misma comprensión con la que hablaríamos a nuestro mejor amigo. Somos aprendices permanentes y equivocarnos forma parte del aprendizaje. En lugar de fustigarnos por el error, podemos preguntarnos: “¿Qué puedo aprender de esto?”
3. Prioriza lo importante
¿Qué quieres aportar? ¿Qué te mueve? ¿Qué quieres cuidar en tu vida, además de tu trabajo?
Cuando tenemos claro lo que es importante para nosotros, resulta más fácil priorizar y también decir “no”. A veces lo esencial no es algo extraordinario: puede ser una conversación, un paseo, un libro, una comida compartida, un rato de silencio o esa pequeña experiencia que nos devuelve la alegría.
Y aquí conviene recordar algo fundamental: la perfección es imposible. Pretender hacerlo todo y hacerlo perfectamente es una fuente segura de estrés.
Cuatro microcambios para empezar mañana mismo
No necesitamos transformar nuestra vida para empezar a cuidarnos. A veces un pequeño cambio, repetido, puede tener un gran impacto.
- Un minuto antes de empezar. Antes de abrir el correo o entrar en clase, detente durante un minuto y pregúntate: “¿Cómo quiero estar hoy con mis alumnos?” “¿Qué quiero transmitir además de la materia que imparto?” Elige una palabra: calma, presencia, paciencia, humor, curiosidad… No se trata de hacer más, sino de elegir cómo quieres estar.
- La regla del “no ahora”. Ante una petición, un correo o una tarea que no sea urgente, prueba a decirte: “No tengo que decidir esto ahora”. Después podrás decidir si merece un sí, un no, si puedes delegarlo o si puede esperar. No todo necesita nuestra atención inmediata.
- Tres prioridades. Al comenzar la jornada, elige tres cosas que realmente importen. Pregúntate: “Si hoy solo pudiera hacer tres cosas para sentirme bien, ¿cuáles elegiría?” Y recuerda: hacerlo bien no significa hacerlo perfecto.
- La chispa del día. Al terminar la jornada, dedica treinta segundos a recordar algo que haya merecido la pena: una conversación, un pequeño logro, una escena divertida, una sonrisa. Incluso podemos trasladar esta pregunta al aula: “¿Qué ha merecido la pena hoy? “¿Qué he aprendido que me ayuda a caminar de forma más airosa?” Cultivar lo positivo también es cuidar nuestra salud emocional.
Así que para cerrar este artículo retomo de nuevo su título: volver a lo esencial no significa hacer menos. Significa elegir mejor dónde ponemos nuestra energía y nuestra atención.
Septiembre nos brinda una nueva oportunidad para hacerlo. No necesitamos esperar a estar desbordados para empezar a cuidarnos. Podemos empezar hoy, con un pequeño cambio.
Estas ideas son solo algunas puertas de entrada. En Jaque al estrés: La ciencia y el arte de recuperar tu equilibrio (Desclée de Brouwer, 2026) desarrollo estos principios y propongo numerosas actividades y estrategias prácticas para profundizar en ellos y trasladarlos a la vida cotidiana.
Porque cuidar de quien educa también es cuidar de la educación.
Begoña García Larrauri
es psicóloga educativa y autora de Jaque al estrés
Tiene una dilata experiencia como docente e investigadora