Jardín de Papel: lo que permanece, lo que se transforma

Una experiencia artística y emocional del alumnado dentro del programa ReflejArte
feb 13, 2026
IES LOS SALADOS, BENAVENTE, ZAMORA

El proyecto Jardín de Papel: lo que permanece, lo que se transforma nace dentro del recurso educativo ReflejArte del programa Educación Responsable, una iniciativa que combina arte contemporáneo, creatividad y conciencia medioambiental. Su propósito es invitar al alumnado a mirar su entorno con una sensibilidad renovada, reconociendo los cambios que provoca la acción humana y reflexionando sobre la fragilidad de los ecosistemas que habitamos. 

Inspirado en la exposición Las olas perdidas del Centro Botín, el grupo se adentró en un proceso creativo dividido en tres fases. La primera consistió en una observación personal del entorno cercano. Cada estudiante identificó transformaciones visibles en el paisaje y reflexionó sobre cómo estas alteran la vida de los seres que lo habitan. A partir de fotografías, conversaciones y pequeños debates, surgieron emociones, preguntas y primeras intuiciones que dieron forma al proyecto. 

La segunda fase estuvo marcada por la visita virtual a la exposición de Cooking Sections. Este encuentro con el arte contemporáneo permitió comprender cómo el impacto humano puede llegar a silenciar incluso el sonido de las olas. El alumnado conectó sus propias observaciones con problemáticas globales, generando un espacio de diálogo crítico y de escucha activa donde la creatividad se convirtió en herramienta de pensamiento. 

La última etapa culminó en la creación colectiva de un jardín de papel, una instalación efímera que simboliza la delicadeza de los ecosistemas transformados por la mano humana. Para construirlo, se reutilizó el papel de los regalos de Navidad de los profesores del centro, otorgándole una segunda vida a un material que suele desecharse sin más. Las ramas que sostienen la instalación fueron cortadas una a una por los propios alumnos, un gesto que combina esfuerzo, implicación y respeto por el entorno, recordando que toda intervención humana deja una huella. 

Cada pieza del jardín —hojas, ramas— representa un recuerdo, una pérdida o un deseo de cuidado. A través del movimiento y la música, el performance dio vida a este paisaje simbólico, convirtiéndolo en un espacio donde naturaleza y humanidad dialogan, se buscan y se preguntan mutuamente qué futuro desean construir. 

La experiencia del alumnado: crear, sentir y comprender

Para los estudiantes, este proyecto ha sido mucho más que una actividad artística. Muchos expresaron sorpresa al descubrir cuánto había cambiado su entorno sin que ellos lo hubieran notado. Otros encontraron en el papel reciclado una metáfora poderosa: algo aparentemente inútil podía transformarse en belleza, en mensaje, en conciencia. 

Durante el proceso, el alumnado desarrolló habilidades emocionales y sociales: aprendió a colaborar desde la escucha, a confiar en sus propias ideas, a expresar emociones a través del cuerpo y la creación, a mirar su entorno con una atención más profunda y a comprender que sus acciones, por pequeñas que parezcan, tienen impacto. 

El performance final fue vivido con curiosidad. Para muchos, fue la primera vez que se sintieron parte de una obra colectiva con un mensaje claro y compartido. La instalación se convirtió en un espacio de identidad y pertenencia, un lugar donde cada pieza contaba una historia y cada gesto tenía sentido. 

Una obra que es también una actitud

El resultado final no es solo un jardín de papel: es una declaración. Una invitación a observar, comprender y cuidar aquello que aún permanece. Una llamada a imaginar nuevas formas de habitar el mundo desde la responsabilidad, la sensibilidad y la creatividad. 

El Jardín de Papel no pretende durar para siempre. Su belleza reside precisamente en su fragilidad, en su capacidad para recordarnos que lo efímero también merece cuidado. Y que, al igual que este jardín, nuestro entorno depende de la atención y el compromiso de quienes lo habitan. 

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