Inspirar en Red: conoce el Programa Educación Responsable de la mano de sus protagonistas
Cada centro de la red de Educación Responsable cuenta con una visión propia. Y es precisamente en esa heterogeneidad donde el Programa cobra vida, permitiendo que cada docente adapte los valores ER a la realidad de su aula. Desde el trabajo con los videojuegos de Playing Emotions hasta la singularidad de El Coro de las Emociones, pasando por la conciencia social y la identidad de ReflejArte, cada profesor aporta su granito de arena para construir una educación adaptada a las necesidades de su alumnado, con el foco puesto en su desarrollo emocional, social y creativo.
Con este objetivo en mente se celebró el pasado mes de abril la II Sesión de Prácticas Inspiradoras, un espacio para compartir y descubrir cómo se vive el Programa de la mano de sus verdaderos protagonistas.
Desde el Gris a la esperanza. Playing Emotions en el CEIP El Pradillo (Ávila, Castilla y León)
Raquel Jiménez y María García Martín.
Hablar del duelo en el aula no siempre es sencillo. ¿Cómo explicar a un niño la pérdida, el cambio o la tristeza profunda? En el CEIP El Pradillo (Ávila), centro graduado del Programa Educación Responsable, Raquel Jiménez y María García Martín encontraron una puerta de entrada cercana y poderosa: el universo visual y emocional del videojuego Gris, del recurso Playing Emotions. A partir de sus colores, silencios y paisajes, el alumnado fue recorriendo las distintas etapas del duelo a través de dinámicas de juego, propuestas artísticas y espacios de conversación compartida.
Poco a poco, el aula se convirtió en un lugar seguro donde poner nombre a emociones que muchas veces permanecen escondidas: la rabia, el miedo, la tristeza o la incertidumbre. Los niños y niñas descubrieron que todas ellas tienen un sentido y que compartirlas no les hace más vulnerables, sino más conscientes de sí mismos y de quienes les rodean.
La experiencia dejó huella en el grupo. El alumnado ganó herramientas para expresar cómo se siente, mejoró la escucha entre iguales y aprendió a acompañarse en momentos difíciles. El clima del aula también cambió: más calma, más empatía y más capacidad para afrontar juntos situaciones complejas.
Aprender a sentir, pensar, convivir. Una experiencia en 5º Grado. Banco de Herramientas Audiovisuales en el CEBG Mélida Muñoz Jiménez (Honduras)
Clara Daniela Sandres Anariba
A veces, un libro puede ser mucho más que un cuaderno de actividades. En el CEBG Mélida Muñoz Jiménez, centro graduado del Programa Educación Responsable, la profesora Clara Daniela Sandres convirtió las propuestas del Banco de Herramientas Audiovisuales en una experiencia donde aprender y sentir iban de la mano. Integradas en asignaturas como Español y Ciencias Sociales, las actividades invitaron al alumnado a reflexionar sobre sus emociones mientras conectaban lo trabajado en clase con sus propias vivencias y su entorno familiar.
Cada dinámica abría nuevas conversaciones: cómo reaccionamos ante los conflictos, qué sentimos cuando nos escuchan o qué lugar ocupa la empatía en nuestra vida diaria. Todo ese recorrido fue tomando forma en un libro artesanal creado por el propio alumnado, una especie de diario colectivo donde quedaron recogidos pensamientos, aprendizajes y descubrimientos personales.
Más allá del resultado final, el proceso fortaleció la confianza y la implicación del grupo. Los estudiantes no solo desarrollaron habilidades emocionales y sociales, sino que también experimentaron el orgullo de construir algo propio, dando valor a sus voces y a sus experiencias.
Una práctica inspiradora desde Sinfonía por el Perú. El Coro de las Emociones en el Núcleo Tacna (Perú)
Sarai Nizama
En el Núcleo Tacna, las emociones encontraron su espacio a través de la música. Inspirada en la experiencia de Sinfonía por el Perú, Sarai Nizama impulsó una práctica de la mano del recurso El Coro de las Emociones en la que el coro incorporó canciones centradas en la identificación y expresión emocional, integrándolas en su repertorio habitual.
Ensayo tras ensayo, las voces fueron ganando fuerza, pero también confianza. El alumnado descubrió que cantar juntos era una manera de escucharse, reconocerse y compartir aquello que a veces cuesta expresar con palabras. La música se convirtió así en un lenguaje común desde el que trabajar la alegría, la tristeza, el miedo o la ilusión.
Más allá de lo musical, la experiencia fortaleció el sentimiento de pertenencia al grupo y reforzó valores como el respeto mutuo, la escucha y la coordinación. Cada canción fue construyendo un espacio donde lo artístico y lo emocional se entrelazaban de forma natural, demostrando que educar también es aprender a sentir en compañía.
La experiencia se completó con una performance en la que el alumnado pudo expresar, a través del cuerpo y la puesta en escena, lo que habían trabajado previamente. Se observó una mayor conciencia ambiental, pero también una conexión más clara entre emoción y acción. El proyecto favoreció la participación, la creatividad y la capacidad de comunicar ideas complejas de forma no verbal.
Residuos que hablan, emociones que emergen. ReflejArte en el IES Bartolomé Pérez Casas (Lorca, Murcia)
María del Mar Piñera García y Ana María Martínez Navarro, con la colaboración de las alumnas Eva López Piñero, Maica Parra Espinosa y Ani Calderón González
¿Qué sentiría el mar si pudiera hablarnos? Esa fue una de las preguntas que atravesó el proyecto desarrollado en el IES Bartolomé Pérez Casas, centro graduado de la Red ER, a partir de la exposición Pulpo, cítrico humano, de Shimabuku y el recurso ReflejArte. Desde esa reflexión inicial, el alumnado comenzó a mirar de otra manera los residuos, la contaminación y el impacto de nuestras acciones sobre el entorno.
La propuesta fue creciendo hasta transformar el centro educativo en un fondo marino construido con materiales reciclados. Redes, plásticos y objetos reutilizados cobraron una nueva vida gracias al trabajo colaborativo del alumnado, que participó activamente en cada decisión y en cada fase del proceso creativo.
La experiencia culminó con una performance cargada de simbolismo y emoción. A través del cuerpo, el movimiento y la puesta en escena, los estudiantes expresaron aquello que a veces cuesta explicar con palabras: la preocupación, la responsabilidad o incluso la esperanza ante los desafíos medioambientales. El proyecto no solo despertó una mayor conciencia ecológica, sino que también demostró cómo el arte puede convertirse en un canal para pensar, sentir y actuar colectivamente.